Quienes creen que la labor del consejero consiste en fiscalizar, legislar y proponer, deberían ir al campo a verlos en acción. Ahí caerían en cuenta que este oficio más que fiscalizar esta dominado por puro instinto salvaje, interés político y fuerza bruta. Deberían ir a verlos para que sepan que la evolución de la región no será un caos, sino una parodia, resultante de las aspiraciones más personales y apetitos políticos, que, aunque acompañados con sonrisas, regalitos y discursos humorísticos, le dan a Puno el perfil exacto de una región que se diluye.
La primera vez que vi a los consejeros de manera conjunta en la foto oficial, al asumir su cargo, me pregunté ¿Cuál de estos ilustres ciudadanos sobresaldrá en su labor consejal? Acorralados por los diversos problemas regionales como proyectos paralizados, limitados servicios básicos, obras sin liquidar, informes sin respuestas, ausencia de ordenanzas, pobreza, desnutrición, falta de obras de envergadura, afirmé, en ese tiempo que, alguno de ellos seguramente, podrá ayudarnos a aliviar estos problemas. Pero lamentablemente me equivoqué. Imaginándose uno puede llegar a pensar lo que sea, porque la lastimosa realidad es que la política regional se ha convertido en un Q´atu de intereses económicos y políticos que desde muy lejos huele a campaña anticipada.
Yo pregunto, ¿No es esta actual situación de los consejeros el síntoma de que la región esta al borde del precipicio? ¿no vivimos los puneños, acaso, una ficción al creer que en el futuro estaremos mejor?
La actual situación, a mi modo de ver, sirve de base para señalar, con toda certeza, que la clase política en Puno tiene la naturaleza de un bufón cargando su balde en un busca de aplausos. Un teatro donde la verdad es una media verdad y el trabajo es una apariencia. Desde mi modesto punto de vista, la labor de los consejeros puneños, que trabajan pero que no trabajan, es casi siempre ambigua y falaz plagada de gula, intereses y engaños. Esa es la verdad.
Pero las cosas no siempre son lo que parecen, eso deberíamos tenerlo claro. O ¿acaso alguien, como yo, se creyó el cuento de que la labor de un consejero es fiscalizar, legislar o proponer?, Esta equivocado, estaría viviendo una irrealidad. La verdad de las cosas es que ser consejero no se trata de exigir cuentas, o velar o defender a la ciudadanía, sino de buscar aplausos, de encontrar la mejor pose, y sobre todo, de aprender a sonreír y cargar baldes para ganarse un elector. Por esto mismo, quizás muy pronto, las jornadas de fiscalización sean abiertamente con “pico y pala”, y las visitas de control con “poncho, sombrero y un buen selfie”. Al fin y al cabo, de lo que se trata es que los baldes estén llenos, y la labor consejal, eso sí, completamente vacío.




