En estos días de crisis agudizada y de dictadura que se recrudece a cada minuto, analizar en su conjunto al poder mediático resulta muy elocuente pues, como decimos, en esta DICTADURA COGOBERNADA el poder mediático es uno de los que cogobierna. Una importante cabeza de la hidra que constituye la actual dictadura.

Hoy, el poder mediático apunta maneras y resulta alarmante. Hemos visto ya que desde las primeras manifestaciones el 8 de diciembre, el discurso del terruqueo fue la principal herramienta discursiva de todas las esferas del poder para justificar y validar así cualquier acción represiva de las fuerzas del orden.
De ese terruqueo como herramienta discursiva pasaron al terruqueo judicial y vimos cómo no sólo se detenía arbitrariamente a ciudadanos por protestar, sino también se les abría expedientes y carpetas judiciales sin ninguna razón para ello.
Una evidencia la tuvimos este fin de semana en que el terruqueo policial y judicial detuvo y mantuvo en detención durante 24 horas a más de 100 personas que luego fueron liberadas porque nunca hubo ningún cargo que justificara este atropello.
Pero la persecución judicial y legal no acaba en estas detenciones. El terruqueo se ha abierto paso en la arquitectura judicial a punta de denuncias por delito de terrorismo que considera entre sus «medios probatorios» tener, por ejemplo libros de Marx.
Es así, por ejemplo, que los y las campesinas que fueron detenidas tras el allanamiento del local de la Confederación Campesina del Perú mantienen procesos abiertos pese a que no existen medios para probar que el delito que se les imputa sea otra cosa que una operación para silenciar a quienes se manifiestan.
Ese es el caso también de varios de los que pernoctaban en Plaza Manco Cápac en Lima y que fueron desalojados de manera agresiva y violenta por las Fuerzas del Orden. Muchos de ellos ahora cuentan con procesos judiciales abiertos también amparado en el terruqueo legal que se ha vuelto práctica cotidiana en la dictadura de Boluarte.
Y aún así, como decíamos, el poder mediático sigue apuntando maneras y señalando el camino. No les basta. El terruqueo no les funciona porque ya no es un discurso que cuele como antes.
No son los 80, no son los 90. El terruqueo no es hegemónico con facilidad, es una herramienta y una estrategia de silenciamiento del otro, pero el terreno de batalla está en disputa.
Y como el terruqueo ya no les resulta todo lo útil que que necesitan que sea, el poder mediático avanza un paso y, créanme, esto quiere decir que todo el gobierno lo hace porque, repito, esta es una dictadura COGOBERNADA entre los poderes del Perú.
Hoy, el Grupo El Comercio señala el camino sin rubor. Utiliza la portada de Perú21 como el principal altavoz de la propuesta: toca reformar la «ley antiterrorista» para gozar de mayor impunidad (mayor, ¡imagínense!) por las acciones cometidas en el intento por silenciar al Perú movilizado.
El anuncio es claro: todavía podemos ser más cruentos. Todavía podemos gozar de mayor impunidad. Todavía podemos terruquear a más gente. ¿Cómo? Reformando la ley para eso.
Lo que Perú21 anuncia como la avanzadilla del Grupo El Comercio lo siguen dos satélites no menores, sobre todo, en los espacios más populares que son aquellos donde buscan infundir el temor.
De hecho, sin miedo a ser muy dura, lo que hace El Comercio hace semanas es terrorismo mediático. Desde su medio más vendido, «El Trome, la nota principal se encarga de «recordar» los tiempos de Sendero.
Algo que no es nuevo por parte de los medios de este grupo mediático, pero sí resulta particularmente elocuente cuando su medio hermano (Perú21) está exigiendo reformar nada menos que la ley antiterrorista.
Y lo hacen con la foto de Maria Elena Moyano de manera vergonzosa. Una activista y luchadora de izquierdas que hoy estaría en las calles y no en las páginas del oligopolio mediático peruano.
Finalmente, desde la otra esquina y con apariencia de neutralidad está Correo. Por supuesto, la portada busca señalar que toda manifestación es vandálica.
Nuevamente, mintiendo abiertamente y buscando instaurar el terror en el receptor del mensaje (¿cómo se llama eso?), pero la clave está más abajo. En ese porcentaje que venden como «neutral»: un 34% del país cree que Sendero está detrás de desmanes.
¡Qué curioso! Nuevamente reviviendo el fantasma de Sendero cuando sabemos, gracias a toda la evidencia audiovisual que podemos ver sólo en las redes sociales y la prensa internacional, que en una gran mayoría de los casos de «desmanes» han sido ternas infiltrados los que han ocasionado conflictos. Necesitan a Sendero vivo para justificar su acciones, su discurso y sus portadas. Necesitan mentir, en suma.
Inisisto, el análisis del poder mediático no es un ejercicio banal ni un pasatiempo de comunicadora política. Hoy es un deber pues constituye una variable fundamental para entender el tipo de dictadura que tenemos en frente y anticipar, aunque con poco margen, los pasos que dará esta dictadura cogobernada.
Y hoy las portadas hablan por sí solas. Mira, si te atreves a sobrevivir el vértigo y las ganas de vomitar, los noticieros del poder mediático. Seguro que verás más de un reportaje o entrevista en este sentido.
¿Qué buscan? Instalar el sentido común de que no sólo todo el que protesta es terrorista, sino que por eso hoy la única vía de «solucionar» esto es reformando la ley para que no solo sean asesinados como hemos visto que ha ocurrido ya con tantos peruanos y peruanas, sino que estés de acuerdo con que así sea.
Laura Arroyo Gárate




