Por: J. Carlos Flores Vargas
Es un hecho en intención de voto: lo que sube López Aliaga es lo que le quita a Keiko Fujimori y viceversa. Juntos suman casi tres millones y medio de votos. Es lo que ambos obtuvieron en las últimas elecciones (3 millones 623 mil), menos un poco por su desgaste político.
A esos tres y medio se suman unos 5 millones de peruanos que prefieren a un conservador o a uno de centro-derecha. Esos cinco millones corresponden a los que no votaron por Castillo en las elecciones del 2021 y votaron por Keiko » tapándose la nariz». Esos 8 millones son los «votos predecibles».
Eso deja a casi 9 millones de votos que buscan algo «nuevo». Esto se estima, sumando los 8 millones de Castillo en la segunda vuelta más el rechazo creciente a la clase política tradicional acumulado en estos últimos 5 años.
En este panorama, los «Oligarcas Criollos» mediante su aparato de manejo de la opinión pública y mediante su aparato judicial – fiscal – policial (Comercio, La República, Ojo Público, IPE, IEP, opinólogos, líderes de opinión y ONG´s) han anulado a cualquiera que pueda captar esos 9 millones de votos.
Tacharon sucesivamente a Antauro Humala, Pedro Castillo, Aníbal Torres, Dúberly Rodríguez, Guillermo Bermejo y un par de nombres más. En tanto mantienen a Vladimir Cerrón en el limbo y con la etiqueta del «fujicerronismo» bien implantada.
Paralelamente han intentado fabricar a su » Outsider», siendo el más exitoso Alfonso López Chau, nacido de un proyecto elaborado con mucha más antelación y con vastos recursos provenientes de gran minería.
Otros «Outsider» que son pan quemado en la puerta del horno fueron Carlos Spa, quemado por Montoya; Martín Vizcarra, anulado por la venganza fujimorista; Alfredo Barnechea, quemado por estúpido, y ahora intentan lanzar a Wolfgang Groso. Mención aparte merece el intento, chistoso, de Rosa María Palacios de sentar como Outsider a Jorge Nieto.
Por su parte, tanto JP, con Roberto Sánchez, como Venceremos con Ronald Atencio han intentado tomar lo que un día tuvo Pedro Castillo, colgándose de él, Sánchez usando directamente la imagen de Castillo y Atencio con reivindicaciones como un eventual indulto o poniendo énfasis en la nueva constitución.
Fuera de este juego quedó Lescano. En el 2021 era el favorito, pero su postura tibia sobre las reformas bien vistas por esos 9 millones (nueva constitución, reformas tributarias) facilitó que Castillo lo sepulte. Por otro lado, su desvinculación de Acción Popular lo ha dejado sin músculo económico. Por él no apuestan los de arriba ni convence a los de abajo. En simular situación se encuentra gente como Popy Olivera.
Ahora, se entra en el terreno más nebuloso de la especulación: El evento clave será el debate electoral. Castillo explotó con ese evento. ¿Por qué? Se mantuvo en su discurso. Son casi 9 millones de votantes que quieren cambio y se van a decantar por quien se los ofrezca.
López Chau tiene mucho que ganar y perder. Si mantiene su imagen de antagonista de Keiko o Aliaga, entra en segunda vuelta; si no lo logra va a ser engullido por Atencio, Sánchez o, por alguien que llegue a lo Castillo: » desde atrás y embalado». Es decir, López Chau podría experimentar exactamente lo sucedido a Lescano en el 2021.
Esta oportunidad la ha leído Cerrón a quien le ha dolido quedar fuera del debate. También es la oportunidad de Charly Carrasco para darse a conocer. Sin embargo, es importante diferenciarlos de Castillo: él tenía la base de los SUTE y un trabajo bastante anticipado que le permitió sobrevivir al primer intento fraude fujimorista (recuerden las acusaciones de «fraude en mesa»).
Bien, hasta acá creo que algo se puede especular con razonamiento. Más allá es como adivinar el descenlace de una trifulca de barras bravas.
Claro que este panorama lo han anticipado los pensantes al servicio de los Oligarcas Criollos y por eso han cambiado la constitución: Están convencidos de que con esos 8 millones más el acoso fiscal y los favores económicos pueden capturar 40 votos del Senado y hacer del presidente un pelele como lo han sido los últimos tres presidentes del Perú.
Esa es la «democracia» en el Perú una careta de la oligarquía que legitimamos con nuestro voto cada lustro.
