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EsSalud Puno: desalojan consultorio PADOMI sin explicación y dejan a pacientes vulnerables a la deriva

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Por días, nadie dio una razón. No hubo memorando, no hubo aviso previo, no hubo una explicación pública. Solo ocurrió. El consultorio del Programa de Atención Domiciliaria (PADOMI) fue desalojado de manera abrupta en el Hospital III EsSalud Salcedo – Puno, una sede dirigida por Juan Seclén Palacín. El resultado es tan simple como grave: pacientes adultos mayores, personas con enfermedades terminales y familias enteras quedaron sin un punto de atención esencial.

PADOMI no es un servicio accesorio. Es, para muchos usuarios, la única puerta de acceso al sistema de salud. Cerrarla —o vaciarla de contenido— no es una decisión administrativa menor, es una acción que tiene consecuencias humanas inmediatas.

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Un consultorio que no era un lujo, sino una necesidad

El ambiente desalojado no era un espacio más dentro del hospital. Era el centro operativo de un equipo especializado que trabaja con pacientes frágiles, dependientes y, en muchos casos, en etapa terminal. PADOMI requiere un consultorio fijo por razones elementales: confidencialidad, seguridad, manejo de historias clínicas, equipos médicos y coordinación con otros servicios.

El personal lo explica con claridad. Solo el equipo PADOMI conoce en detalle el estado físico, emocional y social de cada paciente. No se trata solo de visitas domiciliarias. Hay procesos que, por su propia naturaleza, exigen un espacio clínico adecuado.

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Entre ellos:

  • Emisión y entrega de recetas médicas.
  • Atención de urgencias menores.
  • Cambios de sondas y curaciones.
  • Coordinación con farmacia, que solo atiende ciertos días de la semana.

Pretender que todo eso se haga “solo en domicilio” no es una reorganización eficiente, es desconocer cómo funciona el programa en la práctica.

Pacientes desatendidos y familias obligadas a esperar

Las consecuencias no tardaron en aparecer. Tras el cierre del consultorio, pacientes y familiares comenzaron a chocar con una realidad absurda: no había dónde atenderlos.

Un paciente no pudo realizar el cambio de sonda porque no existía un ambiente adecuado. Otros familiares no lograron obtener recetas de oxígeno porque el equipo PADOMI se quedó sin consultorio, sin computadora y sin impresora. La solución improvisada fue esperar a que algún consultorio externo quedara libre, si es que quedaba.

La salud, en este escenario, se volvió una lotería.

Órdenes que no se ajustan a la realidad

Las nuevas disposiciones internas indican que toda la atención debe realizarse exclusivamente en los domicilios. El personal, sin embargo, advierte lo evidente: no es posible cubrir a más de 600 pacientes en un mes bajo ese esquema, menos cuando se atiende a pacientes cuadripléjicos, parapléjicos o con dependencia severa, que requieren insumos, controles y procedimientos frecuentes.

Antes, el sistema funcionaba con lógica. Mientras el médico realizaba visitas en campo, los familiares acudían al consultorio para recoger insumos, coordinar recetas y recibir orientación. Hoy, sin espacio físico ni equipos asignados, esa dinámica simplemente colapsó.

¿Desorganización o desmantelamiento silencioso?

PADOMI es un programa crítico para una población extremadamente vulnerable. Por eso, el desalojo del consultorio no se percibe como un hecho aislado, sino como una señal preocupante. Para el personal de salud, esta medida representa un retroceso grave y abre una pregunta incómoda: ¿se está intentando reducir o desactivar el programa sin decirlo abiertamente?

Hasta ahora, no hay respuestas claras. No se ha explicado por qué se retiró el consultorio ni cuál será la alternativa real para garantizar la atención de los pacientes que dependen de PADOMI.

Hoy, el programa ya no cuenta con un consultorio físico. Los familiares que antes acudían a recoger recetas, coordinar curaciones o resolver dudas ya no tienen a dónde ir. Y la pregunta final sigue en el aire, sin respuesta oficial: ¿dónde va a atender ahora el médico encargado y quién asume la responsabilidad por los pacientes desatendidos?

En Essalud, el silencio también enferma. Y en este caso, duele.

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