La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística informó que hay en el Perú 2 millones 343 mil personas pobres más que antes de la pandemia. La pobreza monetaria ha aumentado de 20,2 por ciento a 25,7 por ciento entre 2019 y 2025, llegando a 8 millones 828 mil personas. En las zonas rurales dos terceras partes de ellas no pudieron comer alimentos saludables y nutritivos mientras en Lima uno de cada cuatro se saltó una comida y dos de cada cinco no ingieren las calorías necesarias. Terrible.
La misma semana que se hicieron públicas esas cifras, una campaña del grupo El Comercio y la oligarquía gobernante presenta a Roberto Sánchez como si no le importara el crecimiento económico, porque ha planteado que más importante es el desarrollo humano. Para criticar a Sánchez han resucitado el discurso de que para avanzar en desarrollo humano lo único importante es el crecimiento económico. Lo sucedido en el Perú con la pobreza monetaria nos ayuda a desmentir esa teoría. Entre el 2019 y el 2026 la economía ha crecido 10,6 por ciento pero, como vimos, en ese periodo la pobreza también aumentó. Hubo crecimiento y al mismo tiempo más hambre. ¿Conociendo esa realidad indiscutible puede sostenerse que el crecimiento económico es todo lo que importa? ¿Puede pasarse por alto que tenemos 2 millones 337 mil personas pobres más? No. No es un detalle que podemos soslayar ni unos decimales que podemos olvidar. Es un sufrimiento humano inmenso. Son niños y niñas con hambre, anemia y desnutrición. Son jóvenes que se sienten sin futuro. Son adultos mayores que se debilitan por malnutrición. Son personas deslomándose sin siquiera poder comer adecuadamente.
¿Cómo podemos explicar que habiendo crecimiento económico la pobreza monetaria haya aumentado? Ese crecimiento del PBI quiere decir que el 2025 hubo 10,6 por ciento de mayor producción, producción que al venderse se convierte en ingresos. Un asunto clave es ¿quiénes se llevaron esos mayores ingresos? Esa es una pregunta que a nuestra oligarquía reinante y a los economistas neoliberales que defienden el modelo actual suelen ocultar, rechazar o ningunear, pero que es indispensable. Algo que sabemos es que no se ha ido a la gran mayoría de peruanos: entre 2019 y 2025 el ingreso promedio por persona, incluyendo pobres, vulnerables, clases medias e incluso sectores de altos ingresos (pero sin incluir a los pocos millonarios) se ha reducido 5 por ciento. Es decir, mientras el PBI sube 10,6 por ciento, los ingresos de la enorme mayoría de peruanos cayeron en promedio 5 por ciento. En este periodo los pobres no pierden porque las clases medias se vayan para adelante, así que esos ingresos adicionales producto del crecimiento del PBI tienen que haberse ido a otro lado.
Una parte importante se ha ido a ganancias de las compañías extranjeras que operan en nuestro territorio, ganancias que el 2025 fueron 25 mil 800 millones de dólares. Se trata de una cifra superior a los ingresos del 40 por ciento de nuestra población. Luego de tres años de estar gobernados por el congreso dominado por Keiko Fujimori. Porky y la ultraderecha, las trasnacionales se llevan más dinero que lo que consiguen 14 millones de peruanos. Y eso no es lo usual, no estanos hablando de la misma cantidad de años anteriores. El 2025 las ganancias de las trasnacionales fueron 15 mil 800 millones de dólares más que el 2019, y esa diferencia, ese adicional, supera a los ingresos que con enorme esfuerzo y trabajo denodado lograron obtener todas las familias pobres del Perú en ese año para sobrevivir, todas juntas. ¿Esa realidad, que no es de algunos soles sino de miles de millones, no debe tomarse en cuenta cuando se habla de la relación entre el crecimiento, la pobreza y el desarrollo humano? ¿No es acaso un asunto esencial, cuándo hablamos de crecimiento económico, referirnos a quienes son los que han obtenido esos ingresos y quienes no? Las ganancias extraordinarias de las trasnacionales provienen principalmente de la minería y de la extracción de otros recursos naturales, y han obtenido beneficios enormes gracias a que el precio del cobre y el oro tienen precios altísimos. No es porque invirtieron más o porque gestionaron mejor o porque aplicaron nuevas tecnologías, es porque algo totalmente fuera de su control hizo que los precios subieran. En esas actividades también participan empresas y grupos peruanos igualmente favorecidos por la suerte. Hoy es buen momento para recordar que desde hace muchas décadas nuestras distintas constituciones han establecido que esos minerales le pertenecen a la nación, es decir a todos los peruanos, y no para que la mayor parte de esa riqueza se la lleven las trasnacionales y unos pocos billonarios.
Otra razón por la que el crecimiento no reduce la pobreza son las leyes a favor de las grandes agroexportadoras. Keiko Fujimori hizo aprobar la ley Chlimper 2.0, similar a la ley aprobada luego de que Alberto Fujimori fuera re-reelegido con fraude. Esa ley permite que los grandes grupos de la agroexportación se queden con miles de millones de soles de impuestos que debieran pagar al estado, una de las grandes razones por las que hoy no hay presupuesto para becas y mejor educación de nuestra juventud. Esas mismas leyes les permiten pagar salarios mínimos a sus trabajadores, que se encuentran imposibilitados de cualquier reclamo u organización sindical.
Frente a la campaña en contra, Roberto Sánchez ha precisado su política: “El crecimiento económico debe llegar a todos los peruanos, no quedarse en unos pocos…. La prioridad es clara: crecimiento con formalización, trabajo digno y derechos para el pueblo”. Bien dicho. Pero está claro que la cerrada campaña de la oligarquía en su contra no va a parar, con un pretexto nuevo cada día.
Pedro Francke




