El saqueo que APP está llevando a cabo en el ministerio de Salud y Essalud, los casos más grotescos, el uso de los recursos y los estudiantes del cartel de sus universidades para la campaña electoral, la entrega de dádivas y alimentos a los sectores más pobres, el autofinanciamiento (la plata sale de la lavadora de activos que son sus universidades) de su campaña y el descenso en la encuesta de Datum Internacional (de 4% a 3%), nos permiten afirmar que el huevo que un joven le revienta en la cabeza de Acuña es un acto que simboliza la indignación nacional contra este candidato presidencial que, en cualquier país normal, estaría en la cárcel.
Ese huevazo también puede ser entendido como un acto de ruptura de los jóvenes que, estupidizados por los streamers contratados por APP, se liberan y rebelan contra la candidatura presidencial de plata como cancha. Se rebelan contra la compra de sus conciencias y votos por una maquinaria político-criminal surgida de la «harina Blancaflor», la corrupción, el oro ilegal y otras actividades delictivas. No hay duda que ese será su impacto en los jóvenes que pueden ser despistados, pero no son idiotas.
Ese hecho, sin avalar la violencia contenida, es similar al cono de señalización del tránsito lanzado contra la cabeza del excongresista naranja Carlos Tubino por un joven que se movilizaba contra el Congreso fujimontesinista del 2016-2019. Luego, ese Congreso fue disuelto por Martín Vizcarra con júbilo nacional. En ese sentido, el huevazo, el segundo después de Huancayo, va a marcar un cambio en las tendencias de preferencias de los jóvenes hacia plata como cancha.
Jaime Antezana Rivera




