«La pollera no puede ser gobierno»

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Quizá por el racismo histórico heredado desde la colonia, o quizá por un cálculo político cargado de prejuicio hacia la militancia de Juntos por el Perú, desde algunos sectores de Lima se ha comenzado a descalificar la capacidad intelectual de la candidata Brígida Curo, tan solo por vestir pollera y provenir de una zona rural. Para gran parte de la población puneña, sobre todo rural, esos prejuicios y estereotipos negativos fueron como una lanza que despertó su memoria de manera violenta. De tal forma que, aunque muchos quisieron contenerse, salieron a responder con indignación, como si recién despertaran de una pesadilla antigua.

Quizá Brígida Curo, como afectada directa, hubiera enfrentado esto sola en las calles, en la radio y en las redes sociales; pero la verdad es que recibió un gran soplo de solidaridad. Porque en el concurso real de los hechos no se insultó solamente a Brígida Curo, sino a un símbolo cultural puneño, como es la pollera, el origen étnico, el color de piel y la dignidad de la mujer andina y campesina. Es decir, la agresión dejó de ser individual cuando tocó un elemento cultural colectivo y compartido. Brígida Curo lo dijo de manera más clara: “no pueden minimizarnos diciendo que la pollera no puede ser gobierno”. Afirmación que en castellano simple quiere decir que la pollera, por más sencilla que algunos la vean, representa a la mujer rural, indígena, popular y trabajadora, a esa mujer que muchas veces se le ha visto como incapaz de ocupar espacios de poder. pero que en el fondo es un símbolo que recuerda que la condición social, cultural o inclusive territorial de una persona no puede ser motivo de exclusión de la política.

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Por esta causa, todos los insultos proferidos contra Curo fueron entendidos como racismo y clasismo político. Y no veo que esta lectura sea irracional. En el Perú, como diría Alberto Flores Galindo, históricamente se ha minimizado y despreciado a la población andina y puneña por su procedencia, color de piel, lengua y forma de vida. En esa lógica, se pensó y todavía se piensa que solo puede gobernar quien tiene una imagen urbana, o habla “bien” el castellano, o es blanco o pertenece a determinados sectores sociales. Por eso mismo la solidaridad con Brígida Curo ha crecido, porque tienen la certeza, como cualquiera, de que la pollera también puede representar autoridad, liderazgo y capacidad de gobierno.

Desde mi perspectiva, es válido evaluar a Brígida Curo, medir críticamente sus propuestas, su preparación o su plan de gobierno; después de todo eso forma parte del debate democrático. Pero otra cosa muy distinta es descalificarla por usar pollera, por su origen social, su vestimenta o por representar al mundo campesino. Eso, desde todos los ángulos, está mal y hay que tenerlo claro. La pollera no es señal de incapacidad. Por el contrario, como se ha visto de manera palpable, es un símbolo de identidad, dignidad y, cómo no, de derecho a gobernar.

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Aldo Rojas
1/05/2026

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