¿No es acaso la danza el símbolo mismo de identidad de una sociedad? ¿No nace la danza, acaso, para expresar nuestros anhelos, nuestra alegría o incluso para evocar una realidad que nos agobia o nos asombra? Precisamente, la expresión que da sentido a los carnavales en Lampa, justo el momento en el que los campos florecen y la plantas albergan los primeros productos de la cosecha, no puede manifestarse sino a través de la Danza de los “Wapulos de Lampa”.
La danza Wapululos de Lampa reúne todos los atributos de una danza ritual, porque la música, coreografía, colores, símbolos y movimientos, ejecutados por “jañachus” y “manzanas”, resultan elementos precisos, imponderables, para conversar con los Apus y hacer posible el bienestar comunal. Esa es su esencia. Y por ello, su sentido más profundo se revela justamente cuando los Wapululos suben a los cerros tutelares, a bailar para Pilinco, Coachico, Pirhuani y Huaynapata, a quienes se presentan como ofrenda, petición y agradecimiento, con el fin de obtener la protección de la vida agrícola y ganadera.
El arrojo, la alegría y el goce de los danzarines es, en este contexto, la mejor oración para las deidades. Es como un antídoto contra la adversidad, que provoca mayor derroche, exultación y frenesí en los danzantes. Yo digo, representar en un escenario algo que, mientras se ejecuta, resulta vital para alcanzar el bienestar de todos, refleja de por sí que su ausencia provoca carencias, necesidades y urgencias. Y es por eso que están los Wapululos, la razón por la que existen. Y es por eso, también, que la ciudad de Puno es bendecida, porque tiene la suerte que esta danza vista sus calles con sus colores y sus cantos, llenándolas de alegría y colmándolas hasta alcanzar la plenitud.
Aldo Rojas
16.1.2025





