En la ceremonia central por el 356 aniversario de Puno, un hecho particular llamó la atención de todos los concurrentes. En el podio central de este evento el alcalde de esta ciudad, exhibió unos pintorescos y relucientes zapatos, color café caoba, sombreados de negro por su parte delantera. Casi todos cayeron en este detalle. Y no faltaron en valorar si éstos se ajustaban, o no, con el traje o el rostro del alcalde. Algunos comentarios negativos calificaron esta combinación como una “mezcla huachafa”, sin embargo, otros, sobre todos los allegados a la gestión, consagraban que tanto el traje azul como los zapatos encajaban de manera formidable con el porte y la personalidad del alcalde. Después de todo estar a la moda no es un pecado.
Es infrecuente ver la práctica de moda en Puno, sobre todo, en relación a una autoridad. Lo acostumbrado es verlos siempre con un traje discreto y unos zapatos, qué decir, de color uniforme, principalmente negro. Otros, por sobre salir, rompen el esquema, destacando símbolos andinos en su traje, pero, aun así, su exposición es sutil y sin romper los parámetros de discreción.
No soy, ni he sido, un hombre que vista a la moda o se fija en estas cosas. Sin embargo, mi inquietud en ese momento era saber que condujo al alcalde a comprarse esos zapatos. Aún más cuánto habrá pagado por ellos. Hurgando en las redes y tiendas digitales caí en cuenta que los zapatos del alcalde no son cualquier cosa. Son unos formidables zapatos de vestir marca “Oxford” de cuero genuino, suela de goma, cuyo precio oscila entre los 65 y 70 dólares americanos, que, convertidos a soles, alcanza la modesta suma de 265 soles peruanos. No cualquiera se compra esto.
Viendo la calidad de estos calzados, uno entiende que nuestro alcalde intenta distinguirse del resto, otorgarse un plus que lo realce entre el común. Debería criticar esta acción, estaría loco. Sin embargo, esto también me llevó a pensar en otros detalles y examinar que: así como existe las ganas de exhibirse con pompa y lujo entre la multitud, tampoco estaría mal exhibir obras lujosas y portentosas para Puno, que buena falta le hace. ¿O no?
En medio de esa reflexión, caí en cuenta, también, que los zapatos del burgomaestre no encajan con la ciudad. La calidad de su acabado, su cuero exuberante y cordones elegantes, definitivamente desentonan en medio de las calles agrietadas de Puno, la suciedad del jirón Lima, el caos vehicular y la falta de agua que agobia a la ciudad. En ese momento, dije para mí, ¡esos zapatos están a otro nivel, son dignos de ciudades europeas! Y como por arte de magia me atenazó la sospecha que me llevó a pensar que: seguramente, nuestro distinguido alcalde, compró dichos zapatos en España, cuando viajo, junto a sus más entrañables amigos, a promocionar la festividad de la Candelaria. Tarea, que, a decir de ellos mismos, fue todo un éxito. Al punto, que devolvieron dinero por no saber en qué más gastarlo. Eso fue, dije con certeza, seguramente de ahí provinieron estos coloridos calzados.




