La muerte no siempre llega de golpe. A veces avanza despacio, como una infección ignorada, como un dolor que nadie quiso escuchar. Tenía 14 años y un dolor abdominal que gritaba auxilio. Pero el sistema —ese engranaje burocrático y cansado— decidió no apurarse. El resultado fue letal.
Un adolescente perdió la vida en la ciudad de Santiago de Chuco, en la región La Libertad, en circunstancias que hoy apuntan a una presunta negligencia médica. Su cuerpo yace ahora en la Morgue de Trujillo, mientras su familia y toda una comunidad exigen respuestas que no llegan.
El diagnóstico tardío que selló una muerte anunciada
Según el testimonio de los familiares, el menor comenzó a presentar fuertes dolores abdominales desde la tarde del jueves. Fue llevado al centro de salud del distrito de Angasmarca, donde —afirman— la atención fue tardía y el diagnóstico impreciso. Las horas pasaron. El dolor también. La infección avanzó.
Recién al mediodía del viernes, más de 18 horas después, el adolescente fue trasladado al Hospital “César Vallejo” de Santiago de Chuco, donde se determinó que presentaba un cuadro grave de apendicitis, que requería cirugía de emergencia. Pero el tiempo ya había hecho su trabajo silencioso.
Peritonitis y una verdad que duele
El informe de necropsia, según confirmaron los deudos, establece que el menor falleció a causa de una infección generalizada producto de una peritonitis, una complicación que —en medicina— suele ser consecuencia de una apendicitis no tratada a tiempo.
No fue un infarto, como inicialmente se habría intentado explicar. Fue algo peor: una cadena de omisiones.
“Mi sobrino no murió de un paro cardíaco. Murió por negligencia médica”, declaró una de sus tías, con la voz quebrada pero firme. “Exigimos justicia. Que los responsables paguen y vayan a la cárcel”.
Denuncias graves: intento de encubrimiento
La indignación no se detiene en el personal médico. La familia también denunció un presunto intento de obstaculizar las investigaciones. Según relataron, la fiscal de Santiago de Chuco habría buscado evitar el traslado del cuerpo a la Morgue de Trujillo, una acción que —de haberse concretado— habría limitado una investigación independiente.
“Querían que no vayamos más allá, que aceptemos el silencio”, afirmó la familiar. “Pero Angasmarca está de luto, y no vamos a permitir que se tape la verdad para proteger a malos profesionales”.
Una muerte que interpela al sistema
Este no es solo el fallecimiento de un adolescente. Es el reflejo de un sistema de salud precarizado, donde la demora mata, el descuido condena y la burocracia se impone sobre la urgencia humana.
Hoy, una familia exige justicia. Mañana, podría ser cualquier otra.
Porque cuando un hospital se convierte en sala de espera para la muerte, ya no es solo negligencia: es responsabilidad colectiva.








