Mientras en el Congreso crecen las firmas para censurar a José Jerí, el alcalde Javier Ponce se pone el saco y el pantalón. No para bailar, sino para llegar a Palacio de gobierno en Lima.
La calculadora política no falla. Esta semana, la Mesa Directiva del Parlamento confirmó lo que ya se susurraba en los pasillos: 78 congresistas, la mayoría necesaria, ya firmaron para debatir la censura contra Jerí por “incapacidad moral”.
Justo ahí, en ese escenario, aparece el alcalde de Puno, Javier Ponce Roque.

La Municipalidad de Puno anunció con bombos y platillos que este viernes 13 de febrero llevará el «Carnaval Puneño 2026» nada menos que a Palacio de Gobierno. La nota oficial es una alabanza: habla de «hito cultural», de «posicionar la marca Puno en el mundo», de llevar «la esencia del carnaval al más alto escenario político del país». Todo suena a fiesta, a pandillas y tarkadas.
Pero la fotografía que se arma es otra.
Resulta que la delegación puneña, encabezada por Ponce, llegará a Lima justo cuando Jerí necesita desesperadamente una imagen distinta. El presidente, acorralado: 78 firmas lo apuntan. Los escándalos le muerden los talones: reuniones a escondidas con un empresario chino, y como un “calentón” metiendo amigas —casi «íntimas», dicen— en la planilla del Estado. Necesita una foto que le lave la cara. Un salvavidas de imagen. Qué mejor que Puno: la misma región que desde la vacancia de Pedro Castillo, le decía “no” a Dina Boluarte y dejó muertos en las calles. Ahora, esos muertos parecen no importar. Lo que importa es la foto.

¿El alcalde Ponce viaja a promocionar el carnaval o va a servir de escudo humano en la foto del presidente desprestigiado? Porque no es lo mismo.
Mientras los congresistas, como Esdras Medina, acusan a Jerí de «inconducta funcional» y «descrédito social», Ponce se apresta a ponerle la chalina multicolor al mismo hombre al que quieren echar del cargo. El contraste es brutal: en Lima se juntan firmas para censurarlo, y desde Puno le llevan música para alegrarle la tarde.
La invitación a la prensa de la comuna puneña habla de «reafirmar con orgullo nuestras tradiciones». Pero en política, cuando el poder se tambalea, cualquier abrazo es una deuda, y cualquier carnaval puede ser el telón de fondo de una negociación a espaldas del pueblo.

¿Pactó Ponce con Jerí? La respuesta la sabremos cuando las cámaras de Palacio enfoquen a la delegación puneña. Veremos si van a bailar o a pagar el costo político de un abrazo que huele más a estrategia que a folclore.
O quizá, mientras Jerí y Ponce posan para las cámaras, los familiares de los mártires y víctimas del 9 de enero vuelvan a salir a las calles. Para recordarles que hay muertos que no se borran con serpentinas.








