Javier Ponce Roque, el alcalde de Puno, agarró sus maletas y se fue a Lima. No fue solo. Llevó músicos, bailarines y harto color. ¿El motivo? Presentar el Carnaval Puneño 2026 en Palacio de Gobierno.
¿Casualidad?
«Jerí le habrá prometido presupuesto para sus obras, como el teleférico», «O tal vez Ponce, quería salir en la foto. Lavarle la cara al presidente para que después le devuelva el favor».
Pero la jugada le salió mal.
José Jerí ya no está
El Congreso lo censuró. 75 votos a favor, 24 en contra. Adiós, presidente. Duró apenas cuatro meses. Salió con la cola entre las piernas, dejando Palacio de Gobierno vacío.
Ahora, ¿dónde quedó Javier Ponce?
Con su baile, con su carnaval, con sus fotos… y sin el presidente a quien se ofreció ser su escudero en Puno. Como dicen en el mercado: «Salió por lana y salió trasquilado».

El 9 de enero no se borra con serpentinas
Mientras Javier Ponce posaba feliz en las fotos, las familias de los mártires y víctimas del 9 de enero siguen esperando justicia. Ellos salieron a las calles cuando Puno le decía NO a Dina Boluarte. Y los mataron.
El alcalde, como un “traidor” prefirió viajar a Lima a alegrarle el rato al presidente desprestigiado. Y ahora ese presidente ya no es presidente. Es un recuerdo malo.

Hablando de parecidos…
Jerí se metió en líos por recibir mujeres jóvenes en Palacio. Ponce, en cambio, tiene su propia historia.
El alcalde de 48 años, que antes usaba terno impecable, comenzó a vestirse como adolescente. Pantalón ajustado, casaca de rockero. En una inauguración deportiva apareció casi en calzoncillos, todo por su afán de figurar.
Eso no es todo. Se pinta la cara. Usa colorete, se delinea las pestañas, se pinta los labios. Hasta pone filtros en sus fotos para verse más joven, más atractivo.
«¿Quiere parecer chibolo para conquistar a alguna jovencita?».

¿Qué dice Liubomir Fernández?
«El último baile de Jerí y el último año de Ponce. El primero se fue sin pena ni gloria. El segundo le seguirá los pasos. Serán un mal recuerdo».
Y remata: «Jerí hacía desfilar señoritas por su despacho. Ponce era más folclórico: prefería bailar mientras la ciudad se desordenaba. Los dos igualitos. Los dos inútiles».

Ahora, la pregunta:
¿Se arrepentirá Javier Ponce de haberle querido lavar la cara a Jerí?
Porque el presidente se fue. Lo botaron. Él como alcalde, se quedó con la foto, con el baile, con el ridículo.
En política, cuando abrazas a un caído, el caído te puede jalar para bajo. Y eso le pasó a Javier Ponce. Quiso ganar, quiso figurar, quiso un favor… y perdió.




