Roberto Sánchez, el candidato que sueña con ser el libertador de Castillo (y otras ilusiones)

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«Puno, no es el Perú», como dijo Dina Boluarte. Por ser tierra de rebeldes, y de discursos que, más que iluminar, nublan el sentido común. Aquí, entre el frío altiplánico y el calor de las arengas, Roberto Sánchez Palomino, precandidato presidencial de Juntos por el Perú (PJ), decidió que su mejor carta de presentación no sería un plan de gobierno, ni una propuesta económica, sino una promesa tan audaz como cuestionable: «Si gano, libero a Pedro Castillo».

Sí, leyó bien. En pleno 2025, con el país tambaleando entre crisis políticas y económicas, Sánchez encontró que lo más urgente no es reducir la inflación, combatir la inseguridad o mejorar la educación, sino convertirse en el héroe de una narrativa que ya huele a naftalina.

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«El país racista y discriminador» (o el relato que no muere)

Con la solemnidad de quien anuncia una epopeya, Sánchez declaró en Puno que Castillo fue víctima de un «país racista», acusando al Congreso y a Dina Boluarte de arrebatarle el poder al «gobierno popular». Curioso argumento, considerando que fue el mismo Castillo quien, en un acto de torpeza histórica, intentó disolver el Congreso sin tener los votos, el respaldo militar ni la astucia necesaria para semejante jugada.

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Pero en la política peruana, los hechos suelen ser un estorbo para los discursos. Así que Sánchez, con el entusiasmo de quien descubre la pólvora, repite el mantra de la «persecución política», ignorando que el expresidente está preso no por sus ideas, sino por haber intentado un autogolpe en vivo y en directo para todo el país.

«Libertad para Castillo» (o cómo ganarse a la izquierda más radical sin decir mucho más)

Entre aplausos de sus seguidores, Sánchez gritó: «¡Pedro Castillo, libertad!», como si con eso bastara para convertirse en el abanderado de los descontentos. La estrategia es clara: apelar al victimismo de Castillo para pescar votos en un sector que aún cree que el maestro de Chota fue un mártir y no un presidente cuya gestión fue un catálogo de improvisaciones y escándalos.

Pero más allá del slogan fácil, hay que preguntarse: ¿Realmente cree Sánchez que liberar a Castillo es una prioridad nacional? ¿O simplemente está buscando un atajo para ganar relevancia en una izquierda fragmentada y sin rumbo?

Puno, el escenario perfecto (para los discursos y las evasivas)

El Encuentro, mas una marcha proselitista, en Puno no solo sirvió para que Sánchez lanzara su oferta de «presidente redentor», sino también para sellar una alianza con Acción Social para la Integración (ASI), un movimiento regional que, como buen acompañante en estos platos políticos, aporta presencia territorial pero poca claridad ideológica.

Roberto-Sanchez-y-Marcelino-Tonconi

Hablando de claridad (o falta de ella), antes de que hablara Roberto Sanchez sobre la libertad de Pedro Castillo, el acto también dejó una joya: Marcelino Tonconi, precandidato a gobernador regional, quien, al ser preguntado por José Carlos Mariátegui, respondió con la elocuencia de un loro en hora de silencio: «Hermano, estamos en una movilización».

Nada mejor que un candidato en Puno, cuna del pensamiento mariateguista, que no sabe quién fue el autor de los Siete Ensayos. ¿Ignorancia? ¿Estrategia? ¿O simplemente la confirmación de que en la política peruana el culto a las figuras es más importante que el conocimiento de ellas?

Foto: Marcelino Tonconi en aprietos: No supo decir quién era José Carlos Mariátegui

El otro Roberto Sánchez: el exministro investigado por corrupción

Pero hablemos del elefante en la habitación: ¿Quién es realmente Roberto Sánchez Palomino? El mismo que hoy se presenta como el paladín de la justicia para Castillo fue, hasta hace poco, exministro de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) del gobierno de Castillo, y hoy es investigado por la Fiscalía por presuntos delitos de corrupción, «mochasueldos» y nepotismo.

Según la Carpeta Fiscal N.° 248-2022, Sánchez habría utilizado su cargo para:

  • Designar funcionarios sin perfil adecuado en el Mincetur.
  • Desviar fondos públicos mediante un esquema de cobros ilegales («cupos»).
  • Involucrar a su entorno cercano, incluyendo a su esposa, en prácticas irregulares.

Uno de los casos más escandalosos lo vincula con Graciela Palomino Gómez, esposa del exsecretario presidencial Bruno Pacheco, a quien habría intentado pagar 24 mil soles mediante una orden de servicio (luego cancelada) para que no delatara a Castillo. ¿Ironía? El mismo que promete «liberar» a Castillo estuvo en el corazón del entramado que lo hundió.

¿Redentor o cómplice?

Roberto Sánchez apuesta a que el nombre de Pedro Castillo todavía tiene peso electoral. Pero en un país donde el 90% de la población desaprueba a Boluarte y el recuerdo de Castillo genera más escozor que nostalgia, la jugada podría salirle mal.

Mientras tanto, en Puno, entre banderas rojas y discursos inflamados, queda la sensación de que algunos políticos prefieren vivir en el pasado porque el presente les queda demasiado grande. Otros, como Sánchez que hoy clama por la «injusticia» contra Castillo fue parte de su gabinete, ese mismo que terminó siendo un catálogo de ineptitud y corrupción. ¿Y ahora quiere ser el salvador? Es como si el cómplice de un robo regresara a la escena del crimen pidiendo ser nombrado jefe de seguridad.apuestan por el olvido colectivo: el suyo propio.

Si Sánchez realmente quiere llegar a sentarse en el sillón presidencial que dejó Pedro Castillo, quizá debería dejar de prometer libertades imposibles y empezar a explicar por qué su paso por el Mincetur huele a trapicheo, no a revolución.

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