Puno, tierra de rebeldes, de amautas y de izquierda que late en las venas. Pero, al parecer, también tierra de candidatos que caminan con los ojos vendados, tropezando con la historia. Marcelino Tonconi, el pre-candidato a gobernador regional, demostró en vivo y en directo que hay dos tipos de políticos en el Perú: los que citan a Mariátegui hasta en el desayuno y los que, como él, prefieren esconderlo bajo la alfombra, como un secreto vergonzoso.
El escenario era propicio para la grandeza: el gran Encuentro de Alianza entre Juntos por el Perú y ASI, sellando un pacto electoral de cara al 2026. Pero entre banderas, discursos y promesas, llegó la pregunta incómoda, la que todo político que se respete (o que al menos haya pasado por secundaria) debería poder responder sin titubear: «¿Quién es José Carlos Mariátegui?».
El periodista Libumir Fernández, haciendo honor al oficio, le lanzó la pregunta como ch’allaska en cara de borracho. Pero Tonconi, en lugar de recogerlo con gallardía, optó por el viejo truco del evasivo:
—Hermano, estamos en una movilización —Como si el Amauta fuese un tema tabú, un fantasma que solo aparece cuando no hay cámaras.
Pero Libumir, terco como buen periodista, insistió:
—¿Quién es José Carlos Mariátegui?
Ahí, fue cuando el pre-candidato empezó a sudar más que corrupto en audiencia fiscal. Nervioso, buscando en su memoria algún rastro del autor de los Siete Ensayos, solo atinó a soltar:
—Un saludo a toda la población.
¡Brillante! Si Mariátegui levantase la cabeza, se moriría de nuevo.
La tercera pregunta fue la estocada final:
—¿QUIÉN ES JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI?
Tonconi, acorralado, sin salida, optó por la retirada estratégica:
—Estamos en movilización —dijo, alejándose del micrófono como si este le quemara. ¿Movilización? Sí, pero movilización de ignorancia.
Las redes estallaron. «Tonconi es ultraderecha», «Roberto Sánchez se equivocó con esta alianza», «¿Cómo un candidato en Puno no conoce a Mariátegui?». Es que en esta región —donde hasta los tenientes gobernadores citan al Amauta entre tragos de cerveza y discusiones políticas—, no saber quién es Mariátegui es como no saber que el Titicaca es un lago.
Pero quizás todo tenga explicación. Tonconi no es un ignorante, es un discípulo. Sí, de esos que siguen los pasos de Aldo Mariátegui, el primo lejano (y antagónico) del Amauta, aquel que soñó con fundar el «Partido Unificado Antimariateguista del Perú». Porque para algunos, odiar a Mariátegui es un deporte nacional.
Tonconi debería saberlo: Puno es rojo, es izquierda, es Mariátegui vivo en cada esquina. Un candidato a gobernador que no lo conoce es como un chef que no sabe cocinar, un cura que no ha leído la Biblia o un hincha de Alianza que no sabe qué pasó en el 2001. Inadmisible.
Así que, Marcelino, si quiere gobernar esta tierra, más le vale abrir un libro. O al menos, hacer como que lo ha leído. Porque aquí, el que no conoce al Amauta, no conoce al Perú. Y el que no conoce al Perú, no merece gobernarlo.
Nota final: Si algún asesor de Tonconi está leyendo esto, le regalamos el dato: Los Siete Ensayos están en PDF. Gratis. No hay excusa.




