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Segundo atentado en Trujillo: ¿Cortina para que Jerí justifique el chifagate?

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Siguen las coincidencias. En circunstancias que José «Violín» Jerí justificaba el chifagate ante la Comisión de Fiscalización del Congreso, sicarios ejecutaron un atentado dinamitero simultáneo contra dos locales comerciales de la licorería Tabaco y Ron en Trujillo, en La Libertad. Aquí hay un elemento nuevo en este doble atentado: es la primera vez que lanzan artefactos explosivos a negocios en el distrito Víctor Larco, donde se ubican las licorerías.

Ello, junto al horario del ataque (alrededor de las 5.20 PM), le proporciona un mayor impacto mediático. Eso es lo que necesitaba Jerí y las fuerzas que lo protegen. La realidad muestra que esos atentados no son casuales ni están desconectados de la política.

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Así es: en la simbiosis orgánica y de larga duración entre política-crimen no hay casualidades. Lo que hay -¡entiéndolo de una vez!- es funcionalidad y colaboración entre la industria criminal de la extorsión y el sicariato con la coalición narcocriminal congresal, expresión política de las economías criminales (oro ilegal, narcotráfico, corrupción, trata de personas).

Por eso, más allá de los discursos de Jerí y de la coalición narcocriminal (Fuerza Popular, APP, Renovación Popular, etc).la extorsión sigue siendo -y continuará- el factor causal del mayor de homicidios que desangran al país, al que lo administran y dosifican de acuerdo a sus necesidades económico-político

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En un artículo reciente, deslizamos la hipótesis de que el atentado anterior, la colocación de un artefacto explosivo muy cerca del bus de la agrupación musical Armonía 10 de Walther Lozada, era el regreso a atentados a pedido, a la medida de las necesidades del centro del poder: el Congreso del hampa (Hildebrandt dixit) y palacio.

En otras palabras, atentados como «cortinas» o psicosociales para distraer o reducir la atención pública frente a escándalos de presuntos actos de corrupción -esta vez- de Jerí y Yang. También señalamos que, al igual que en la gestión de Dina Boluarte, se volvía a utilizar los ataques sicariales para la política doméstica.

Creo que no estamos lejos de la realidad. El ataque cerca al bus de Armonía 10 de Walther Lozada no logró cambiar el foco de la atención pública. El doble atentado a las licorerías en el distrito de Victoria Larco, parece que si. O, por lo menos, neutralizar o reducir el estruendo del escándalo chifagate.

Jaime Antezana Rivera

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