Wasi Mikuna, Mamay – Cuando el amor cocinaba en la escuela

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  • Hoy toca cocinar a mi mamá —decía un niño.
  • ¿Qué cocinará? —preguntaba la niña de falda y trenzas.
  • Rico estofado de cordero, con sopa de olluco con charqui, postre ensalada de frutas y refresco cebada con cañihua.
  • ¡Guau! Mi mamá hará pescado frito con ensalada, manzana y chicha morada.

Este diálogo, lleno de orgullo infantil, resonaba en los patios del Núcleo Escolar Campesino de Caritamaya en los años 80, hoy convertido en la Institución Educativa Primaria N° 70,116 de Caritamaya, Acora, Puno. En aquella época, el Estado enviaba alimentos no perecibles: arroz, fideos, leche en polvo, atún. Pero el verdadero banquete lo preparaban «las madres», que llegaban con sus canastas cargadas de verduras recién cosechadas, pescado, huevos y carne fresca, y ese ingrediente invisible pero esencial: «el amor».

Era el Yachaywasi (quechua), yatiqaña uta (aymara), en castellano, «la casa del saber», en su máxima expresión: las madres se organizaban con semanas de anticipación, eligiendo las mejores recetas. Los días de cosecha eran una fiesta: huatia con queso derretido, asado de carne, papas nativas. Hasta los profesores almorzaban con los niños, porque en esa mesa no había jerarquías, solo comunidad.

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Proveedores sin amor en la cocina

En un país con altos niveles de anemia infantil, el programa Qali Warma («niño fuerte» en quechua), creado durante el gobierno de Ollanta Humala en 2012, se veía con optimismo como una esperanza para los menores en situación de pobreza. Incluso recibió elogios del Programa Mundial de Alimentos. Pero la ilusión duró poco: al año siguiente comenzaron las denuncias de intoxicaciones y problemas con proveedores.

El programa Qali Warma transformó los almuerzos escolares en un negocio impersonal y lucrativo, donde los proveedores priorizan las ganancias sobre la calidad nutricional, ofreciendo raciones mínimas, alimentos insípidos e incluso “carne de caballo disfrazada de res”, como se denunció en Puno. El golpe final llegó durante el gobierno de Dina Boluarte, cuando estallaron escándalos de corrupción y se descubrió la distribución de alimentos en mal estado que causó intoxicación en los niños. En un intento por corregir el rumbo, nació Wasi Mikuna (“comida de casa”), pero las denuncias de irregularidades no cesaron, y el programa también cambiaría de nombre.

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Las madres que no se rinden

Mientras el Estado tropieza con sus programas, en Puno, antes del amanecer, ya hay luces encendidas en las cocinas. Pelan papas, lavan verduras y sazonan la olla que alimentará a sus hijos. «Sí, ahora tenemos otros oficios, pero la comida de nuestros niños no puede esperar», dice doña Maruja. Si ella no puede, está su comadre, su hermana o la vecina de toda la vida. “Porque en el altiplano, nadie deja a un niño con el plato vacío”.

Pero hay esperanza:

  • Los comedores populares demuestran que las mujeres organizadas pueden alimentar a cientos “con calidad y cariño”.
  • En las universidades: Universidad Nacional del Altiplano y Universidad Nacional de San Agustín, más de 3,000 estudiantes comen diariamente en sus comedores gestionados por cocineras y cocineros, no por empresas.
  • En los jardines de inicial, resiste el espíritu del “Wasi Mikuna, Mamay”: madres que llevan ollas calientitas con churrasco, guiso de quinua o trucha frita.

Que vuelvan las mamás

El Estado gasta millones en proveedores que fallan, ¿por qué no dar ese presupuesto a las madres organizadas? Con una gratificación justa, capacitación y apoyo logístico (como huertos escolares), el Wasi Mikuna, Mamay podría ser política pública.

“Wasi Mikuna, Mamay” no es nostalgia, es justicia. Es el reclamo de un país que sabe que la mejor cocina no está en los contratos, sino en las manos que cocinan como si fuera para su propio hijo.

“Porque un niño que almuerza con amor, aprende con el corazón”. Y eso, ningún contrato podrá jamás reemplazarlo.

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Grober Cutipa
Grober Cutipa
Escritor y periodista de investigación peruano. Premio Nacional de Periodismo 2018. Autor de la novela “Mandato de los diablos subterráneos”, guionista de radionovelas y cine. Escribe en ElObjetivo.pe, reportajes de salud, artículos de literatura, cultura e historia.  

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