Tras la renuncia de la ministra de la Mujer, este viernes 13 de enero, le siguió la renuncia del ministro del interior. Es el tercer ministro del gabinete Otárola que renuncia como efecto de la masacre en Juliaca y 2 asesinados en Cusco.
Sin duda, se trata de una crisis política del gabinete Otárola y del (des) gobierno de Dina Boluarte, que se suma a las otras crisis que ha generado la insurgencia popular que exige su renuncia y el adelanto de las elecciones.
Es una crisis en las «alturas» en circunstancias que en el Cusco hubo el entierro masivo de un dirigente campesino asesinado por la represión policial y militar y la insurgencia popular se extiende al conjunto del país.
Esta crisis hace totalmente insostenible el (des) gobierno genocida y cívico militar de Dina Boluarte. La PCM, sin embargo, indica que en las próximas horas la presidenta Boluarte juramentará a los nuevos ministros.
O están viviendo en un mundo paralelo al de los hechos o simplemente es una forma de evadir o prolongar lo inevitable: la renuncia de Boluarte, quien se ha ocultado por tres días. Renuncia que es un clamor nacional.
Eso sí, no se puede descartar que su desconexión con la realidad le lleve a creer que insurgencia popular se calme y las cosas vuelvan a la «normalidad». Obviamente, eso sería una indicación de los poderes fácticos y criminales del fujimorismo.
Lo cierto es que no hay gobierno. Boluarte no gobierna. Quien maneja los hilos del poder en «automático» sería el operador del narcopoder fujimorista: el carnicero Otárola. Las próximas horas y días serán decisivos.
Jaime Antezana Rivera




