Bolivia: Con la economía en crisis y sin respaldo, Arce abandona la reelección

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En una jornada que quedará grabada en la historia reciente de Bolivia, el presidente Luis Arce Catacora sorprendió al país con un anuncio que sacudió los cimientos del tablero político: declinó su candidatura a la reelección presidencial en las elecciones generales del 17 de agosto. Con un tono solemne, desde Casa Grande del Pueblo, el mandatario proclamó lo impensado para muchos: “No seré un factor de división del voto popular”.

Era un secreto a voces que su candidatura tambaleaba. Las encuestas no lo favorecían —apenas un 1% de intención de voto, según Captura— y su gestión enfrentaba el desgaste de una crisis económica prolongada, marcada por la escasez de dólares, combustibles y una inflación que escaló al 15%, el índice más alto desde 2008. Pero fue su decisión de renunciar a la reelección lo que marcó un punto de quiebre. Lo hizo no solo como un acto político, sino como un gesto de responsabilidad —al menos en sus palabras— para preservar la unidad de la izquierda y evitar el retorno de la derecha al poder.

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«No puedo llamarme hombre de izquierda si no soy capaz de asumir la unidad con acciones concretas», sentenció, desterrando —al menos de forma pública— toda aspiración personal.

La renuncia llegó en medio de un MAS fracturado, sin lograr consensos internos ni siquiera para definir al compañero de fórmula del presidente. A ello se suma el creciente antagonismo con su antiguo mentor, Evo Morales, a quien retó directamente: “Desde aquí lanzo un desafío al expresidente Evo Morales de no insistir en ser candidato”, recordándole el fallo judicial que impide una nueva postulación tras dos mandatos.

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El escenario que se abre ahora es inédito. Con Arce fuera de la contienda, la izquierda se encamina hacia una batalla intestina entre Morales y Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y hasta hace poco considerado heredero natural del MAS. Rodríguez, quien recientemente rompió con Morales y anunció su propia postulación, lidera las encuestas en ausencia del expresidente, con un 18% de intención de voto.

“La unidad no debe ser una forma jurídica y burocrática”, clamó Arce, y llamó a una rearticulación del bloque popular “con unidad en la acción, en el programa y en el voto”.

Pero sus palabras llegan cuando su figura atraviesa un evidente declive. El economista que hace cinco años se alzó con el 55% de los votos —impulsado por la memoria de la bonanza económica de la era gasífera— ya no representa aquella esperanza. Su gobierno fue consumido por la escasez, el déficit, el endeudamiento y una creciente pérdida de legitimidad ante sectores sociales que lo llevaron al poder.

Ahora, Arce promete enfocarse “plenamente en la gestión” y pidió a la Asamblea Legislativa dar curso a las leyes de financiamiento externo que permanecen bloqueadas. Su retirada de la contienda no es solo un paso atrás político, sino un intento por rescatar una parte de su legado, si es que aún puede hacerlo.

Con el rostro sereno, pero la voz firme, Arce cerró su discurso con una frase que bien podría convertirse en epitafio político: “Aquí estoy, con la frente en alto y de cara al pueblo siempre”.

La historia dirá si fue un acto de grandeza o simplemente la aceptación de una derrota anunciada.

De manera sorpresiva, el presidente Luis Arce anunció este martes que decidió declinar a su aspiración de buscar la reelección presidencial en las elecciones generales del 17 de agosto y reiteró su llamado a la unidad de izquierda para evitar que retorne la oposición al poder.

“Hoy doy a conocer al pueblo boliviano con absoluta firmeza mi decisión de declinar mi candidatura a la reelección presidencial en las elecciones de agosto próximo, lo hago con la más clara convicción de que no seré un factor de división del voto popular”, afirmó en Casa Grande del Pueblo.

El anuncio lo hizo después que hace días atrás la dirigencia del Movimiento Al Socialismo (MAS) y el Pacto de Unidad no hayan logrado concretar los acuerdos para definir al acompañante de fórmula de Arce.

La decisión asumida, según el mandatario, es para no ser un factor de división del voto popular y para no facilitar que se haga realidad que un proyecto de derecha pueda llegar al poder y pretenda “destruir” el Estado Plurinacional y el modelo Económico Social Comunitario Productivo.

En lo personal, Arce dijo que no podría considerarse un hombre de izquierda y socialista sin ser capaz de asumir la unidad con acciones concretas, aun así sea “desterrando cualquier aspiración personal”.

“Propongo, compañeras y compañeros, la más amplia unidad de la izquierda, de las organizaciones sociales y del pueblo en general en torno a un programa para avanzar, cerrando filas por el candidato que tenga las mayores posibilidades de derrotar a los saqueadores de Bolivia”, instó.

El mandatario también lanzó el desafió a Evo Morales de “no insistir en ser candidato” a la presidencia ya que consideró que “constitucionalmente no puede ser”, además porque la dispersión y fragmentación del voto solo favorecería a la oposición.

También hizo un llamado al presidente de la Cámara de Senadores, Andrónico Rodríguez, de asumir el desafío de “pensar y actuar en función de la unidad del pueblo y de trabajar sin descanso para profundizar nuestra revolución”.

“La unidad no debe ser una forma jurídica y burocrática, la rearticulación del bloque nacional popular exige unidad en unidad en la acción, unidad programática y unidad en el voto, a eso estoy dispuesto a aportar, sin la menor duda. Aquí estoy con la frente en alto y de cara al pueblo siempre”, dijo.

Con la decisión de declinar en su candidatura, Arce dijo que se dedicará “plenamente a la gestión” y dijo esperar que la Asamblea Legislativa Plurinacional pueda dar viabilidad a las leyes de financiamiento externo que se encuentran sin tratamiento.

El presidente de Bolivia, Luis Arce, desistió este martes de buscar la reelección en los comicios de agosto, ante el inminente fracaso de su candidatura a causa de su impopular gobierno.

Arce declinó su aspiración de renovar el mandato por cinco años, tras ser proclamado por el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido en el poder, a finales de abril.

El mandatario lidia desde hace más de un año con una severa crisis económica por la escasez de dólares y combustibles, que ha derivado en protestas.

Economista de 61 años, Arce tenía las encuestas en contra. Una última publicada a fines de marzo por la consultora Captura le otorgaba 1% de las preferencias electorales.

«Hoy doy a conocer al pueblo boliviano, con absoluta firmeza, mi decisión de declinar mi candidatura a la reelección presidencial», dijo en un mensaje transmitido por el canal oficial Bolivia TV.

Al mismo tiempo planteó «la más amplia unidad de la izquierda» para buscar un solo candidato que compita con la derecha.

El actual presidente fue ministro de economía durante la mayor parte del gobierno de Evo Morales (2006-2019), hoy su mayor adversario político.

El líder indígena, que busca su cuarto mandato, acusa a Arce de orquestar una supuesta persecución judicial en su contra para impedirle postular en las elecciones de agosto.

Un fallo de la justicia determinó a fines de 2023 que nadie puede ejercer la presidencia por más de dos períodos.

«Desde aquí lanzo un desafío al expresidente Evo Morales de no insistir en ser candidato a la presidencia», añadió.

Con Arce fuera de carrera, la disputa por el liderazgo de la izquierda será entre Morales y el actual presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, quien hace pocos días rompió con el líder cocalero al anunciar su intención de participar en las elecciones.

Durante su discurso, Arce invocó a Rodríguez y a otras fuerzas de izquierda a «pensar y actuar en función de la unidad».

«Para la oposición» de derecha, dividida en varias candidaturas, enfrentar a una izquierda unida «es el escenario más complicado», dijo a la AFP Carlos Cordero, analista político.

Rodríguez, según las últimas encuestas que excluyen a Morales por su impedimento legal, lidera la intención de voto con un 18%.

Declive

Arce asumió el poder en noviembre de 2020 tras arrasar en las urnas con el 55% de los votos. Entonces era recordado por la bonanza económica que Bolivia experimentó durante sus casi 12 años al mando del ministerio de economía.

Durante ese período, el país triplicó su producción interna y disminuyó la pobreza de 38% a 15%.

Las divisas obtenidas por la exportación de gas alimentaron una robusta política interna de subsidios, sobre todo de los combustibles.

Luego de que Arce asumiera como presidente, la caída en la producción gasífera puso en jaque la economía.

El gobierno tuvo que echar mano de sus reservas internacionales para importar gasolina y diésel y venderlos a precio subsidiado, lo que disparó una escasez de dólares hasta la actualidad.

En abril, la inflación interanual alcanzó el 15%, la tasa más elevada desde 2008

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