El mercado laboral peruano atraviesa una situación en la que tener empleo no garantiza condiciones de vida adecuadas. El subempleo por ingresos —trabajadores que perciben menos de lo necesario para cubrir la canasta básica— se ha consolidado como una de las principales señales de fragilidad económica en el país.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), solo en Lima 1 millón 608 mil personas se encuentran en esta condición, es decir, trabajan pero no logran cubrir sus necesidades esenciales. Incluso dentro de este grupo se identifican cerca de 310 mil personas con educación universitaria, lo que evidencia que el problema alcanza a distintos niveles de formación.
La comparación con el periodo previo a la pandemia muestra un deterioro significativo. Entre diciembre de 2019 y febrero de 2020, el número de personas en subempleo por ingresos en la capital era de 1 millón 125 mil. Actualmente, la cifra se ha incrementado en aproximadamente 483 mil personas, lo que representa un aumento de 43% que no ha logrado revertirse, pese al crecimiento económico registrado en los últimos años.
A nivel nacional, el panorama es más amplio. El Perú registra cerca de 7,8 millones de subempleados, de los cuales alrededor de 7 millones perciben ingresos por debajo de S/903 mensuales, monto que no alcanza ni la mitad de la canasta básica familiar, estimada en S/1.816. Esta situación implica que millones de personas, pese a estar ocupadas, continúan en condición de vulnerabilidad económica.
Además, más de 9 millones 300 mil personas se encuentran en situación de pobreza monetaria, lo que refleja que el problema no solo radica en el acceso al empleo, sino en la calidad de los ingresos que este genera.
La precariedad laboral también se manifiesta en la estructura del empleo. Del total de la fuerza laboral, el 42% cuenta con trabajos considerados precarios o insuficientes. A ello se suma el incremento de la inactividad laboral: cerca de 8 millones de personas no trabajan ni buscan empleo, una cifra que ha crecido 26% en comparación con niveles previos a la pandemia.
En paralelo, las condiciones de contratación han cambiado. Una parte importante de los trabajadores formales se encuentra bajo contratos temporales, incluso en actividades permanentes, lo que reduce la estabilidad laboral y limita el acceso a beneficios, crédito y planificación a largo plazo.
Los datos muestran que, si bien el empleo ha crecido en términos cuantitativos, persisten problemas estructurales en la calidad del trabajo y en los niveles de ingreso. De esta manera, el mercado laboral continúa evidenciando una brecha entre tener empleo y lograr condiciones económicas suficientes para sostener un nivel de vida adecuado.
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