Muchos le habían empezado a llamar el nuevo «general victorioso» a Óscar Arriola (nuevo porque así llamó Alberto Fujimori a Nicolás de Bari Hermosa). Un general «victorioso» por la lucha contra un terrorismo ya inexistente: SL fue derrotado política y militarmente el 12 de septiembre de 1992, cuando el GEIN capturó de Abimael Guzmán.
Entonces, si no derrotó al terrorismo ¿por qué lo empezaron a llamar el nuevo general «victorioso»? Por dos razones: 1) por terruqueador cuando fue coronel y general jefe de la Dircote y 2) por la captura de- inicialmente cuatro a cinco- supuestos miembros de Los Pulpos, presentados como los autores de la masacre y secuestro en Trujillo.
El general «victorioso» y Revoredo, más el ministro de Defensa pro-minera Poderosa Rafael Belaúnde (esa empresa financió su campaña electoral), quisieron y siguen queriendo mostrar a esos detenidos -sobre todo a Juliacho- como el coordinador de la masacre y secuestro, ocurrido la madrugada del domingo 30 de agosto.
Pero ese relato fue una farsa (Hildebrandt en sus Trece). Múltiples incongruencias y cabos sueltos caracterizan y prosiguen saliendo a luz pública de esa narrativa policial. El relato (más exactamente una mentira o posverdad) policial y oficial (avalado por Keiko Fujimori) se fue cayendo en la percepción de la ciudadanía.
Y, ante la debacle del montaje, tenía que caer el general «victorioso», al que nadie (ni el gobierno ni el Congreso) podía sacar. Con su relevo se cae otra mentira oficial: una ley impide que se pueda sacar de la comandancia general de la PNP. Que triste espectáculo ha dado el gobierno de Fujimori sobre la sangre de cuatro personas (dos mujeres y dos hombres) inocentes asesinadas por un presunto grupo policial sicarial.
Así, el gobierno no pudo utilizar la masacre y secuestro para que -el objetivo principal- la cámara de diputados apruebe en tiempo récord el proyecto de ley de facultades legislativas y hacer control de daños (Alberto Vergara) de la incapacidad de gobernar y de las revelaciones sobre el papel de Damián Valenzuela y sus nexos con Fernando Cerimedo y sus granjas de bots y trolls en la campaña electoral.
Pero, desde una perspectiva general, el general Arriola no solo cae por la farsa en Trujillo sino por el fracaso en la lucha contra la criminalidad organizada que, en lo que va de este año, entre enero e inicios de septiembre de este año, ha dejado 1,431 casos de homicidios (Sinadef). Y, en lo que va del gobierno de Keiko Fujimori, entre el 28 de julio y el 30 de agosto, el Sinadef registró 180 homicidios.
Jaime Antezana Rivera




