Ávila, Pineda, Enríquez y su vocera Kimberly, los “fachos” que sabotean la descentralización universitaria

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Kimberly Chávez Mamani, asambleísta universitaria y vocera de una cofradía que huele a centralismo rancio, se erige como la celosa guardiana de un statu quo que sumió en la mediocridad el proyecto de descentralización de la Universidad Nacional del Altiplano. Su legado, y el de los suyos, es el olvido de las filiales y, sobre todo, el abandono de Juliaca. Esta cofradía, que gobernó la universidad durante más de una década, se hacía llamar “Renovación Universitaria” (Reune) en 2021. Pero en los pasillos, donde el lenguaje es honesto, todos les decían –y les dicen– “Los Fachos”.

Su historial es una larga letanía de oportunidades perdidas. Entre los años 2010 y 2020, en las gestiones de Lucio Ávila, Edgardo Pineda y Porfirio Enríquez, esta Universidad pudo haberse expandido. Pudo haber llevado educación a Juliaca, a Azángaro, a Juli, a Ayaviri, a Yunguyo, a Desaguadero, a Macusani. Pudo haber emulado a la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA) que, en 2020, creó la filial de Camaná. Hoy, los jóvenes camanejos no tienen que mendigar una habitación en Arequipa; estudian en su tierra, con una infraestructura moderna que dinamiza la economía local.

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¿Y qué hicieron los “Fachos” en Puno? Nada. Cero. Movieron el dedo sólo para firmar documentos que perpetuaran su poder. Optaron por el centralismo más miope, por un modelo que concentra el poder, los recursos y las oportunidades en la capital. Trajeron, simple y llanamente, un retroceso. Mientras la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC) creó su filial en Sicuani en 1995. Hace casi treinta años. Allí se enseña Derecho, Ingeniería Civil, Medicina Veterinaria. ¿Qué excusa tiene Puno para estar tres décadas atrasado sin filiales?

Vea convocatoria a examen de admisión de la UNSACC sede Sicuani.

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La respuesta tiene nombre y apellido: Kimberly. Kimberly Chávez es la vocera actual de esa vieja guardia. Es el rostro joven de una política añeja. Su misión no es enmendar los errores de sus padrinos políticos, sino profundizarlos. En un audio que circula por las redes sociales –ese medio público donde la máscara se resquebraja–, la asambleísta se dirige a los estudiantes de las flamantes filiales de Azángaro y Chucuito Juli con una “idea radical”: que pidan su disolución y se anexen a la sede central como una simple “sección C”.

“Disculpen la palabra, pero porque carajos se les ocurrió, unas secciones”, sentencia con una soberbia que sorprende.

He aquí la hipocresía en estado puro. La cofradía que nunca construyó una filial ahora quiere demoler las que construyó otro. ¿La razón? Es electoral, mezquina y pequeña. El movimiento de los “Fachos” –ahora rebautizado con el eufemismo de “Integración para el Desarrollo y la Excelencia Académica” (IDEA)– impulsa la candidatura a rector para el 2026 de Charles Mendoza Mollocondo. Necesitan, para su campaña, mostrar que la actual gestión de Paulino Machaca es un desastre. Si para ello hay que sacrificar el futuro de cientos de estudiantes provincianos, se sacrifica. Así de simple. Así de cruel.

Pero la historia tiene sus ironías, y esta es de antología. Charles Mendoza, el presunto candidato a rector, el decano de la Facultad de Estadística e Informática, es el mismo que firmó, con su puño y letra, el acta de su propia contradicción. El jueves 31 de julio de 2025, la Asamblea Universitaria de la UNA Puno ratificó la creación de la filial de Ayaviri con 87 votos a favor. Hubo 13 abstenciones. Y un solo voto en contra. El suyo.

Charles Mendoza, hijo ilustre de Pichacani-Laraqueri, un distrito que sabe de lejanías y olvidos; el mismo activista cultural aymara que coreó “Puno sí es el Perú” frente al centralismo limeño de Dina Boluarte, se convirtió en el único muro de contención contra el desarrollo de Melgar. Frente a alcaldes escolares llenos de esperanza, alzó la mano para decirles “no”. ¿Las razones? No las explicó. Las fuentes universitarias susurran que es el precio de su candidatura. Le han hecho creer que es el elegido de la cúpula de los  “Fachos”, y pagó con un voto de traición a sus orígenes.

Foto: Charles Mendoza: el aymara que rechazó la universidad en Ayaviri

El rector Paulino Machaca y el alcalde de Melgar, Rosell Mamani, hablaron de desarrollo, de reactivación económica, de cumplir con la ley. Mendoza escuchó y se negó. Su voto no es un simple trámite; es un símbolo. Un símbolo de cómo la ambición por el poder puede nublar cualquier principio, incluso aquellos por los que se dice luchar.

He aquí, pues, el juego perverso. Los viejos “Fachos” (Ávila, Pineda, Enríquez) no hicieron filiales. Su nueva encarnación (Kimberly Chávez, Charles Mendoza) quiere tumbarlas. Su proyecto para el 2026 no es modernizar la universidad, sino recentralizarla. Apostar por el centralismo en pleno siglo XXI no es una política: es un acto de sabotaje contra la región.

Kimberly Chávez, desde sus redes sociales, azuza a los estudiantes con un discurso barato de “unidad” que es, en el fondo, un llamado al suicidio institucional. Parece ignorar –o le conviene ignorar– que la UNSA tiene filiales o sedes en Camaná, Mollendo y El Pedregal. Que la UNSAAC tiene presencia en Espinar, Andahuaylas y Puerto Maldonado. Que el mundo avanza hacia la descentralización, mientras su grupo político navega en reversa con la mirada puesta en un pasado donde ellos eran los amos de un feudo llamado UNA, pero controlado.

De concretarse su maquiavélico plan, miles de estudiantes de Azángaro, Chucuito Juli, Juliaca, Sandia y Ayaviri verán truncados en su derecho a estudiar en su tierra. Serán condenados a la migración forzosa, al hacinamiento en Puno, a caer en el alcoholismo por la soledad, a gastar lo que no tienen. Todo para que un puñado de personajes, anclados en la peor política universitaria, recupere una silla rectoral que nunca usaron para el bien de las provincias de la región Puno.

Más aún cuando un informe de la Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju) del Ministerio de Educación, basado en la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del INEI, desnuda la crudeza del sistema: en 2022, sólo el 30.9% de los jóvenes peruanos logró transitar satisfactoriamente a la educación superior. La brecha es un abismo. Más de la mitad de los jóvenes (51.37%) solo alcanzó la secundaria completa. Un escaso 12.52% logró el nivel superior universitario. En las provincias de Puno, la ecuación se vuelve una condena: de cada 100 egresados de secundaria, 88 ven truncado su sueño universitario.

Día Internacional de la Educación: Solo el 30.9 % de jóvenes peruanos logró transitar a la educación superior

El principal verdugo: una sede central en una capital donde la vida es cara, un lujo que las familias provincianas no pueden costear. Este es el muro real contra el que chocan los jóvenes. El mismo muro que la cofradía de Kimberly Chávez, Ávila, Pineda y Enríquez no solo no derribó, sino que ahora quiere levantar más alto.

Los hechos están sobre la mesa. Los “Fachos” tuvieron su oportunidad de crear filiales y fracasaron. Ahora solo les queda la opción de la destrucción. Al frente, tienen a una generación de estudiantes que, ojalá, sean menos ingenuos de lo que ellos creen.

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