Los atestados policiales que lo vinculan con acciones petardistas en Huamanga (Ayacucho) en los inicios de los 80 y los testimonios de dos personas que lo señalan como responsable de la zona norte y sur de Ayacucho, ya no dejan duda que Iber Maravi habría formado parte de Sendero Luminoso (SL).
El hecho que no tenga investigaciones abiertas o sentencias consentidas en segunda instancia, esgrimidas como defensa por el aún ministro de Trabajo, no pueden rebatir los desempolvados atestados de los ataques petardistas en los que habría participado con Edith Lagos ni los dos testimonios de quienes formaron parte de SL.
Las acciones de sabotaje a instituciones estatales en las que habría participado y, sobre todo, los testimonios detallados de los que fueron sus compañeros en SL en esas acciones (y otras que faltan conocer) desbaratan la versión de que su esposa y suegra fueron «sorprendidas en la calle» para que firmen por la inscripción del Movadef.
Asimismo, de nada sirve que haya condenado al «terrorismo venga de donde venga», pues es de perogrullo que los senderistas consideran que no ejecutaron acciones terroristas, sino que llevaron a cabo una «guerra popular» contra el viejo Estado «semicolonial» y «semifeudal». Así que su «condena» al terrorismo encaja con la versión de SL histórico de Abimael Guzmán.
En suma, la posible filiación senderista del ministro de Trabajo Iber Maravi ha quedado al desnudo y desbaratada su defensa legal. Más aún, como señalan los atestados y los dos testimonios publicados por La República, su participación en acciones de sabotaje desde mayo de 1980 y 1981 lo ubicarían entre los «iniciadores» de la «lucha armada» (ILA).
Ante el cumulo de datos e información verosímil sobre lo que habría sido el accionar de Maravi, independiente que tenga alguna investigación abierta o sentencia consentida, ya no es posible su permanencia en el gabinete de Guido Bellido, quien la semana pasada le pidió su renuncia. Pero se quedó porque el presidente Pedro Castillo así lo decidió.
Ahora, cuanto más se sabe de su accionar con senderistas de la primera generación o los «iniciadores», ya no es posible que el presidente Pedro Castillo lo siga manteniendo en el sector Trabajo, a no ser que exista algún compromiso con el sendero luminoso político, el Movadef.
Iber Maravi tiene que irse. Cuanto antes mejor. Antes que se devele su participación en otras acciones terroristas que SL práctico entre 1980 hasta 1998. De no hacerlo, el gobierno del profesor Pedro Castillo, ya en caída y sin norte, está cavando su sepultura.

