Mientras el termómetro en el Campo Ferial de Juliaca marcaba -5°C, las luces del escenario iluminaban una escena poco común para un concierto de cumbia: Lesly Águila, Ana Lucía Urbina y Susana Alvarado, las vocalistas de Corazón Serrano, aparecieron abrigadas con gruesos chompas, guantes, chalinas y botas térmicas, lejos de la imagen sensual y desinhibida que suelen proyectar en sus presentaciones.
El frío de la “Ciudad de los vientos”, implacable, las obligó a cambiar sus ajustados vestidos y tacones por una vestimenta más cercana a una expedición al Ártico que a un espectáculo musical. Aunque cumplieron con entonar sus éxitos ante un público entregado, la pregunta quedó flotando en el aire helado de Juliaca: ¿Fue suficiente?
El Dilema: ¿Salud o espectáculo?
Yrma Guerrero, representante del grupo, justificó la decisión: «Briela (Águila) tuvo fiebre, yo perdí la voz por cinco días. El público nos dio abrigos porque era imposible resistir». Sin embargo, en un rubro donde la imagen lo es casi todo, la decisión no fue bien recibida por todos.
Roxana, una experimentada promotora de eventos en Puno, fue directa:
«Exageraron. Otras artistas, como Pamela Franco o las chicas de Bella Luz, han actuado aquí con vestidos transparentes, minifaldas y tacones. Hasta Susy Díaz, en plena campaña política, bailó con una falda cortísima y el ‘13’ pintado en sus nalgas. El movimiento y la energía del público las mantienen calientes».
El contraste con la Primerissima de Juliaca, heredera del recordado Profe David Paricahua, fue inevitable. Sus integrantes, habituadas al clima gélido, deslumbran con coreografías enérgicas, vestidos ceñidos y zapatos de aguja, sin quejarse del frío. «Ellas sí saben lo que es actuar en el altiplano», remarcó Roxana.
El Público: Entre la compasión y la decepción
Mientras algunos fans defendieron a las cantantes:
—No son de aquí, ¿qué esperaban?
Otros no ocultaron su descontento. En redes sociales, las críticas fueron duras:
—Por el intenso frío, se presentaron en Puno “las tapaditas” de Corazón Serrano, ¡devuelvan mi plata! —escribió el periodista Felipe Gálvez, en su página de Facebook.
—No es la primera vez que una artista actúa con frío —escribió un usuario.
—La Primerissima nunca se abriga así, y son de aquí. Corazón Serrano llegó con mentalidad de costeña friolenta —agregó otro.
El debate trascendió la música: en una tierra donde el Carnaval de Juliaca y la Fiesta de la Candelaria exhiben a mujeres bailando la morenada, el caporal y la diablada en tangas y tops diminutos, la actuación de Corazón Serrano fue interpretada por muchos como falta de adaptación y profesionalismo.
El Show: ¿Calentó o dejó frío?
Pese a las adversidades, el grupo interpretó sus éxitos más conocidos, desde «Dile» hasta «Quédate», aunque sin la energía habitual. Las coreografías, limitadas por las capas de ropa, fueron más estáticas, y el contacto con el público, menos intenso.
¿Podría haberse manejado mejor la situación? Roxana sugiere que un outfit (atuendo) intermedio —como jeans ajustados, botas altas y chaquetas estilizadas— hubiera mantenido el estilo sin sacrificar el espectáculo. Pero Corazón Serrano optó por la protección extrema, y eso, en un mundo donde la imagen lo es todo, se pagó caro.
¿Fue un error de estrategia?
En un mundo donde la imagen lo es todo, donde el espectáculo no solo se escucha sino que se ve, Corazón Serrano cometió un pecado capital: priorizó el confort sobre el show. Aunque es comprensible que el frío las afectara —provenientes de un clima cálido—, el público puneño, acostumbrado a ver artistas entregarse por completo, no perdonó la falta de adaptación.
—Parecían turistas en nieve —comentó un asistente al salir del concierto.
La frase, dura pero certera, resume el sentir de muchos: si otras artistas —incluso aquellas que no son de la región— han logrado brillar en Puno con vestuarios ajustados y actuaciones llenas de fuego, ¿por qué Corazón Serrano no pudo?
La lección que deja el frío
Quizá la próxima vez que la agrupación piurana visite el altiplano, deban tomar nota: en Puno, el espectáculo no se detiene. Las bailarinas de la Primerissima lo saben, las chinas, las caporalitas y las cholitas lo demuestran cada año en la Fiesta de la Candelaria, y hasta las políticas como Susy Díaz lo entendieron cuando bailaron con minifaldas en plena campaña.
El público puneño es exigente. No basta con cantar bien; hay que entregarse por completo, sudar, moverse, conectar. Si eso significa aguantar el frío con una sonrisa, pues así tiene que ser. Porque al final, como dicen en Puno: «El que tiene frío es el que no baila».
Esa noche, lamentablemente, Corazón Serrano no bailó lo suficiente.

