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Para la reflexión: testimonio de un paciente puneño con depresión

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El día 10 de octubre se celebra el Día de la Salud Mental, motivo por el cual El Objetivo recogió el testimonio de un paciente aquejado por uno de estos males, por supuesto, reservando su identidad. 

El testimonio es de un varón juliaqueño que sufre del trastorno de ansiedad generalizada y estuvo en una profunda depresión. 

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Según indica, lo primero que recuerda sobre su mal aunque en ese tiempo no era consciente es a sus 17 años, cuando se dirigía a la universidad tenía pálpitos sudoración y a veces un leve mareo.

En ese tiempo también sufría de malestares en el estómago por lo cual empezó a formarse la idea de que tenía alguna enfermedad muy grave como la de un cáncer al estómago

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Según indica, no podía relacionarse con sus compañeros de clases con normalidad. Era incapaz de acercarse a compañeras que se atraían y era muy nervioso a la hora de conversar con cualquier otra persona.

En ese momento, su actitud cambia y baja el volumen de su voz. Con ese cambio de actitud, indica:

“Mi situación familiar era difícil. Mis padres se habían separado pocos años antes y vivía solo en otra ciudad. No iba a ir a un psicólogo o un psiquiatra porque ni siquiera se me pasaba por la cabeza”.

Lo siguiente que explica es que, sufría de ansiedad desde los 13 años y durante años jamás pensó en que tenía un mal psiquiátrico. 

Conforme pasaban los años, los síntomas iban y venían pero, poco a poco se hacían más graves.   

A sus 24 años, luego de egresar de la universidad se recluyó en su casa y su vida cambió un poco.  

“Recuerdo claramente que no cuidaba mi apariencia personal y mi habitación era prácticamente un basurero. Ya no frecuentaba a mis amigos y no avanzaba mi tesis. Perdía mucho tiempo” 

Usualmente los problemas de estrés y depresión pueden llegar a manifestarse de formas que parecen relacionadas. Por ejemplo, puede hacer que una mujer deje de menstruar y, en el caso del paciente, se manifestó con problemas en la piel. 

Según indica, le aparecieron unas manchas extrañas en un costado de su torso y eso desencadenó su peor crisis. 

“Una preocupación constante para mí era tener una enfermedad grave, como cáncer o sida (…) pensé que esas manchas eran la confirmación”

Tras esto, el paciente no lograba dormir. Según confiesa, se despertaba en las madrugadas pensando en cómo iba a morir y tenía muchas molestias gástricas. 

Reproducir todo lo que cuenta sería interminable en este escrito, por eso es mejor indicar que, durante todos estos años, nadie le dijo que podía sufrir un mal psiquiátrico. Ni sus padres ni un psicólogo que lo trabaja. En realidad, esa idea vino por azar:

“Por casualidad, en internet una vez vi un documental dónde muchas personas daban su testimonio y relataban cosas que me pasaban. Una señora relatada qué le daba mucho miedo salir de su casa y yo me di cuenta que me da mucho miedo salir de mi casa”

Mientras todo esto pasaba las manchas en mis se habían extendido y después de muchos años de alejamiento de mi padre recurrir a él y le conté lo que me estaba pasando

Recuerdo que fuimos a una clínica donde me realizaron muchos chequeos. Incluso me recetaron vitaminas para aumentar mis defensas. Olvidé contar qué me enfermaba mucho y tardaba mucho en curarme”

Después de darte revisiones de sangre orina y otro tipo de exámenes El doctor me recomendó que vaya a un psiquiatra puesto que había síntomas de que está profundamente deprimido y estresado y que las manchas podrían deberse a esa razón.

“Recuerdo claramente el día que fui a un psiquiatra lo primero que me preguntó es la fecha y después de un poco de conversación me preguntó si había sufrido algún tipo de abuso” Me sorprendió mucho y quise irme. 

El doctor me diagnosticó con trastorno de ansiedad, me recetó un medicamento y me indicó que luego de un tiempo tenía que empezar una psicoterapia”

Todo indica que el paciente tuvo la suerte de un diagnóstico certero. Según dice, luego de tres semanas de consumir el medicamento pudo dormir, los problemas gástricos disminuyeron y las manchas dejaron de expandirse. 

Su manera de pensar también cambió y tuvo ganas de dibujar y pintar otra vez pues era su pasatiempo favorito que había abandonado durante dos años. 

Precisa que no está curado completamente y que sufrió algunas recaídas pero ahora sabe qué es lo que pasa y puede buscar ayuda cuando es necesario. 

Según indican varios especialistas, las personas pueden padecer una dolencia mental durante décadas e, incluso, toda su vida sin que vayan a un psicólogo o un psiquiatra. Existe la idea de que eso es “solo para locos”. 

Peor aún: los problemas mentales pueden inducir a uno que lo padece a recurrir al licor para combatir la ansiedad o comportamiento violentos. El testimonio recogido puede ayudar a tener idea de qué es padecer de un mal psiquiátrico e identificar el tratamiento adecuado.

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