El aire frío de Puno se mezcla con el eco de las guitarras y las voces que, desde hace décadas, le cantan a las madres y a la Virgen de la Candelaria. En este Día de la Madre, Lucio Ávila, exrector y excongresista, comparte un mix musical que no es solo una lista de canciones, sino un viaje por su vida, sus afectos y su devoción.
Las Canciones que llevan su huella
Lucio Ávila no es un simple espectador de la tradición musical puneña; ha sido parte activa de ella. De las nueve canciones que seleccionó, cinco llevan su sello:
– «Lira (2006)»: Cuando era presidente del emblemático conjunto, impulsó esta grabación, hoy un recuerdo sonoro de una época.
-«Estudiantina Unificada de la UNA (2013)»: Como rector, sugirió incluir este tema, dejando un legado en la universidad.
-«Orias (2010)»: En su alferado de la Octava, contrató al cantante más popular de entonces para que le cante a la Candelaria.
-«Sentimientos (2019)» y «Jarana Puneña»: Sus propios grupos, donde la música no es solo arte, sino herencia familiar.
Voces que hilan el alma puneña
Pero su selección no se limita a sus propias creaciones. Incluye voces que, para él, representan lo más puro del folclor:
-Julia Illanes, acompañada por Ronald Contreras en la guitarra, con una voz que «rompe el silencio de los corazones».
-Miriam Calloapaza y las Hermanas Echarri, nombres que resuenan en las fiestas candelarias.
-Riber Oré y Liset Rivera, dúo que fusiona tradición y sentimiento.
Flores en Yanamayo y Laykakota
Hoy, mientras muchos celebran con almuerzos y regalos, Lucio Ávila lleva su homenaje a los camposantos de Yanamayo y Laykakota. Allí, entre cruces y flores, su música sonará para su madre y su esposa, porque el Día de la Madre también es memoria.
La Candelaria, madre de todos
Al final, la dedicatoria trasciende lo personal: es un canto a la Mamita Candelaria, «madre de todos los puneños». En Puno, la fe y el folclor no se separan, y Lucio Ávila lo sabe bien. Su selección no solo emociona; es un espejo de un pueblo que canta a sus madres, terrenales y divinas, con la misma devoción.
Así, entre notas y recuerdos, el Día de la Madre en Puno no se vive: se siente, se llora y se canta.
