En el Perú la expresión “Elefante blanco” es comúnmente utilizada por la gran cantidad de obras que resultan inútiles, que solo se ejecutaron para aumentar el avance presupuestal o cuando su principal motivación fue extraer recursos públicos a como dé lugar.
El término se basa en la existencia de los elefantes albinos los cuales, curiosamente, no necesariamente, lucían de color blanco sino gris, café, o con un tono ligeramente rosado los cuales eran considerados sangrados o intangibles.
Estos, tenían doble uso como regalo: por un lado, eran símbolo de estatus y su tenencia era señal de estatus; por el otro, eran una forma de arruinar a los súbditos que no eran del agrado del rey.

El problema con los elefantes blancos, era que, al ser sagrados eran también, intangibles, de manera que el poseedor no podía sacar beneficio de ellos pero, a la vez, tenía que invertir grandes grandes cantidades de riqueza para mantenerlos.
Es decir, eran exactamente igual a varias obras ejecutadas, especialmente, en países poco desarrollados, las cuales terminan siendo inútiles. Un ejemplo colosal son los estadios construídos para el mundial de Brasil que, con los años, se hicieron criaderos de aves.
En la región Puno se ha señalado que obras como el puente peatonal Santa Rosa, denominado “Puente por gusto”, el edificio universitario de 15 pisos o el hospital Materno Infantil son auténticos elefantes blancos.
En la ciudad de Juliaca el elefante blanco por excelencia es el llamado tobosaurio que no solo costó miles de soles sino la vida de dos niños que tuvieron la mala fortuna de deslizarse por una rampa mal diseñada.




