Quizá por falta de memoria, o talvez por dejarse llevar más por la intuición que por el análisis, o simplemente por recurrir a los limitados consejos del inconsciente, los transportistas, en lugar de actuar con prudencia y sustento técnico, han preferido actuar de manera impulsiva y poco razonada, hasta llegar a un punto que podríamos llamar pensamiento primitivo. Digo esto porque lo que viene ocurriendo en Puno ya no puede entenderse como una reacción frente al alza del combustible, sino más bien como una lógica donde el más fuerte se impone. Porque lo que estamos viviendo y vamos a vivir a nivel departamental es el intento de los transportistas de imponer la suba de pasajes por la fuerza.
Hace pocos días, los dirigentes del transporte, plenamente envalentonados, salieron a distintos medios de comunicación a anunciar, sin sustento técnico claro, que el pasaje subirá irremediablemente debido al incremento del combustible de 13 a 23 soles. Bajo esa premisa, han convocado, ahora, a un paro de 48 horas en Juliaca a partir de mañana. Lo que algunos podrían interpretar como una medida para abrir el diálogo es, en realidad, un mecanismo de presión para forzar que la gente acepte el incremento. En los hechos crudos y reales, la decisión ya está tomada, el pasaje subirá como se dice popularmente “si o sí”, y lo único que falta es comunicar cuánto.
Lo mas escandaloso es que tanto la protesta como sus decisiones, los trasportistas lo están haciendo sin haber tenido siquiera reuniones formales con Osinergmin o Indecopi, que son las instituciones que supervisan y garantizan la transparencia en los precios y condiciones del mercado. Es decir, la suba de pasaje la quieren imponer a libre criterio sin verificación técnica y sin haber sustentado públicamente un posible aumento del pasaje.
Y esta maniobra ya todos la conocen. Y un ejemplo claro es lo ocurrido en la pandemia de COVID-19. Cuando, bajo el argumento de la reducción de aforo, los pasajes se incrementaron en casi el doble. En la ruta Puno–Juliaca, por ejemplo, el precio pasó de 3.50 a 5 soles. Los mismo ocurrió en el transporte urbano de Puno-ciudad, que pasó de 0.60 a 1 sol. Esto desde luego debió volver a su estado normal. Sin embargo, una vez pasada la emergencia sanitaria, los precios nunca fueron reducidos.
Entonces, la pregunta es simple: ¿por qué tendría que subir el pasaje otra vez, si el incremento anterior nunca se revirtió? Y digo otra vez ¿Acaso lo que los transportistas vienen haciendo no es un acto de imposición escandalosa, de presión abierta y descarada?
A lo que nos tienen acostumbrados los transportistas es a que, por cada crisis temporal, ellos siempre suben el pasaje, pero después se quedan así para siempre. Es decir, siempre, cada “crisis” nueva sirve para subir pasajes, pero nunca sirve para bajar. Entonces ¿Qué está pasando? ¿De qué estamos hablando? ¿La población es ingenua o demasiado contemplativa?
Lo que queda claro aquí, es que un sector pretende imponer una suba de precios sin sustento técnico claro, sin acuerdos institucionales y bajo actos presión. Los transportistas no están ajustando tarifas, lo están imponiendo abiertamente. Y eso, en cualquier parte del mundo se llama abuso.
Aldo Rojas
23.03.2026




